A 20 años de uno de los momentos más históricos de la NBA: el Flu Game

Se cumplen dos décadas del recordado Juego 5 de las Finales de 1997, cuando Michael Jordan superó la barrera de la fiebre para marcar un momento inolvidable.



Un día como hoy pero hace 20 años, precisamente el 11 de junio de 1997, se dio uno de los momentos más emblemáticos y recordados de la historia de la NBA. Hablamos del popularmente llamado Flu Game o el juego de la fiebre, aquel recordado Juego 5 de las Finales entre Chicago Bulls y Utah Jazz que tuvo como gran protagonista a Michael Jordan.

Si bien el partido fue el escenario principal, en realidad la historia de lo ocurriría aquella noche en Salt Lake City comenzó varias horas antes. Fue cuando a últimas horas del día 9, el propio Tim Glover (preparador personal de Jordan) explicó que la estrella comenzó a tener hambre pero ni el servicio de habitaciones ni los locales cercanos seguían abiertos. Era demasiado tarde y todo estaba cerrado, por lo que decidieron pedir una pizza.

"Todo el mundo sabía el hotel en el que estábamos alojados. Unos chicos vinieron a entregar la pizza y en cuanto la recogí les dije a mis compañeros: 'Tengo un mal presentimiento sobre esto'. Pasadas las 2 de la mañana, recibí una llamada a mi habitación. Era Michael. Fui a su habitación y me lo encontré encima de la cama acurrucado y sudando abundantemente, con claros síntomas de dolor", explicaba Glover lo ocurrido aquella noche.

Se tejió la teoría firme de que pasó a ser una intoxicación alimentaria, dado que el médico del equipo diagnosticó un virus estomacal que podría haber sido producto de aquella pizza. ¿Intencional? Difícil de saber en realidad, pero el relato de Glover va en esa dirección.

Michael tuvo que hacer reposo en cama por 24 horas y se perdió las prácticas del 10 y de la mañana del 11, la última antes de que ese mismo día se jugase el Juego 5. En el medio hay que contar que hubo una deshidratación que debilitó mucho más a Jordan, producto de su delicada condición a causa de la intoxicación.

La historia heroica se fue tejiendo más fuerte horas antes del partido durante la tarde y cuando, dos horas antes de irse al Delta Center (estadio del juego), Jordan se levantó de la cama y quiso estar presente para liderar a los Bulls. En ese momento se habló de un cuadro gripal con fiebre, inexistente pero sin poder eludir lo esperado: MJ no estaba al 100%, de hecho su estado era muy por debajo de ese porcentaja y se encontraba debilitado. Un guiño a la ilusión del Jazz.

Pero el estar debilitado o mermado físicamente no fue un impedimento para que Jordan demuestre su corazón. Su entrega, sacrificio y obviamente su calidad no pudieron ser opacadas por las complicaciones de salud que atravesó aquella noche y horas antes, y aunque tardó en encender motores con el paso del juego pudo dejar en claro por qué fue y será uno de los más grandes de la historia (si no es el mejor, claro).

Jordan no gravitó en el primer periodo, pero cuando Utah logró un despegue interesantísimo de 16 puntos, aprovechando el poco peso que ejercía la estrella de los Bulls, el partido comenzó a tener un giro inesperado. Su Majestad se revolucionó en ese segundo cuarto y anotó 17 puntos en dicho periodo, Chicago entró al descanso 53-39 abajo pero con su jugador estelar encontrando un nivel que comenzó a sorprender al no encontrarse en condiciones normales.

Y si bien su tercer cuarto no fue de lo mejor porque el descanso del entretiempo le hizo bajar las revoluciones que había empezado a tener, el desarrollo del partido demostró que lo mejor se lo guardó para el final. Los Bulls entraron al último periodo abajo por ocho unidades (77-69), pero Jordan retomó las riendas del equipo y la historia cambió. En ese vuelco que generó Chicago se encuentra el triple decisivo que puso la historia 88-85 a 25 segundos del cierre, y toda la revolución que generó Jordan dejó perplejo a todo el mundo del básquet.

Se fue al banco totalmente agotado, casi cargado por completo por Scottie Pippen que lo ayudó a retirarse. Y fue victoria de los Bulls por 90-88, en una noche histórica que se resume con este relato pero también con un Jordan que superó todos los contratiempos para tener una jornada para el recuerdo. 38 puntos, 7 rebotes, 5 asistencias, 3 robos y 1 tapa en 44 minutos para Su Majestad, para un ícono que jugó con casi 40 grados de fiebre pero que se sobrepuso a ello para plasmar una labor inolvidable.

Con aquella victoria los Bulls se pusieron 3 a 2 arriba en la serie, quedándose match point para lograr el anillo. Días después y por el Juego 6, un MJ ya recuperado volvió a romperla con 39 puntos para liquidar la serie por 4-2, darle a Chicago su quinto título NBA y además ser nombrado MVP de las Finales de aquel 1997 (quinto MVP de finales para Jordan).

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