Pablo Leyton, de La Liga a Nueva York

El árbitro argentino de Liga Nacional y TNA cumplirá su sueño en noviembre al correr por primera vez la Maratón de Nueva York, siendo además el primer réferi de básquetbol del mundo que participe en esta competencia. Aunque asegura: “Gracias al arbitraje soy lo que soy, me dio todo”.


Hay historias en los deportistas que no todos conocen. Un Lado B, que va más allá de lo que ocurre en el parquet para los basquetbolistas, en un campo de juego para un futbolista o detrás de la raqueta para los que juegan al tenis.

Otras historias están todavía más escondidas: las historias detrás de los árbitros. Presentes en todos los deportes, los encargados de impartir justicia en los eventos deportivos quedan relegados, y casi nunca reciben la invitación formal a la fiesta. Es hora de acercarlos a la mesa principal.

Pablo Leyton, nacido 50 años atrás en General Alvear, provincia de Mendoza, se desempeña actualmente como réferi de La Liga y buscará, en noviembre, llevar a cabo algo que ningún colega suyo alcanzó: correr la Maratón 42 kilómetros de Nueva York.

Pero para entender el por qué de este desafío de Leyton, hay que zambullirse en su pasado, y entenderlo.  Recibido de profesor de educación física, Leyton nunca pensó ser árbitro (“tiene muchas cosas en contra y no sos bien visto y aceptado”), pero ahora es uno de los réferis más destacados a nivel nacional.

Veinte años después, apareció otra actividad que Pablo nunca imaginaba realizar: el running.

 “En el año 2010 me designaron a los campeonatos argentinos como instructor, y fueron dos largas semanas donde sólo veía partidos y hacía designaciones. Los únicos movimientos que hacía era estar sentado y comer al mediodía y a la noche. Así aumenté 8 kilos y me era imposible bajar de peso”, recuerda el mendocino. “A mí nunca me gustó correr, por lo cual no le encontraba la vuelta para poder adelgazar. Así que empecé a ver a gente que empezaba a correr en el parque, acá en Mendoza, y me prendí a ver si esa podía ser la solución”, agregó.

Y lo fue: “Corrí mi primera carrera, que fueron 10km, aunque ni me entrené. Pero fue tanta la alegría que me dio poder correrla y ver todo lo que hay alrededor, tanto en la previa como al finalizar, que empecé a correr sin saber cómo se hacía realmente. Así me fui metiendo de a poco, participando en pruebas de 10km, hasta que, viendo que le había encontrado la solución al problema del peso, que además me afectaba cuando dirigía, me empezó a gustar y empecé a tomar más participación dentro del mismo”.

El disfrute de Leyton en las carreras continuó. Su físico ya estaba bien, ahora lo hacía por diversión.  En el 2012 contrató a un entrenador que le enseño a correr y a respirar, y se mandó de lleno en el amplio mundo de este deporte. Comenzó a entrenar cinco o seis veces a la semana y se anotó en las primeras maratones serias, como en la de Buenos Aires, Santiago de Chile y  San Silvestre en San Pablo.

Cumplidos los primeros objetivos y ansioso por seguir superándose, Leyton probó cómo le respondía su cuerpo a la Maratón 42K de Buenos Aires. “Nunca pensaba en correrla porque realmente es muy desgastante y el cuerpo queda muy debilitado después de un esfuerzo tan grave”, reconoce. Pero quedó conforme.

En el arbitraje generalmente no hay nombres propios. El reconocimiento del público raramente llega y distinguirse es complicado. En el running, a Leyton se le ocurrió que esto podía ser diferente.

“Después de la carrera de Buenos Ahora necesitaba un objetivo más grande, ya que había cumplido todos. Mi gran sueño era correr la maratón de Nueva York, un sueño que era casi imposible. Pero tras la competencia en Argentina me hice el pasaporte, la visa y me inscribí para poder acceder. Es el sueño de todo corredor. Además, tengo el gran objetivo es ser el primer árbitro de básquetbol del mundo en correr esa maratón de NY desde que se inició en 1970. Eso es un gran honor para mí, para devolverle al arbitraje todo lo que me dio”, comenta Leyton, con orgullo.

La cita será el 6 de noviembre a las siete de la mañana, cuando Leyton y otras 50000 personas darán el primer paso y recorrerán cinco puentes del circuito ubicado en la Gran Manzana antes de llegar a la meta.

Mientras tanto, Leyton reparte sus horas entre su trabajo en una escuela primaria, donde es profesor de educación física, y cumpliendo con su rutina física de todos los días, intentando llegar de la mejor manera a Estados Unidos. “El año pasado cambié de entrenador, tengo un compañero ahora de la infancia que decidió entrenarme y los resultados empezaron a llegar”.

Sabe que los entrenamientos son muy duros y muy distintos a los que hace en una temporada de básquet. “Son de deportistas de alto rendimiento, de corredores de elite, aunque yo soy sólo un aficionado”, comenta.

Lo que también varía es el enfoque. Leyton corre solo y eso cambia totalmente su panorama con respecto a un partido de Liga o TNA: “En la cancha somos un equipo que nos apoyamos mutuamente, cada uno con sus formas de ser, tratando de que el partido salga bien. En el running es diferente, uno corre sin apoyo. Mis entrenamientos son solitarios, no tengo el tiempo necesario para correr con grupo que sería lo más razonable”.

Pero eso es lo lindo, poder realizar dos actividades que, según Leyton, se complementan a la perfección: “El running me ha mejorado muchísimo mi arbitraje. Mi estado físico en todos los partidos es muy bueno, me siento muy cómodo en la cancha, mis movimientos son más fluidos, el bajar de peso ha ayudado a tener movimientos más amplios, a sentirme más liviano y a poder tener la mente más despejada, para resolver situaciones con mayor amplitud y tener un campo de visión más amplio para resolver situaciones de conflicto. El running le aportó a mi arbitraje la cuota que me faltaba para estar en un buen nivel”.

La historia de Leyton, entonces, es una historia de superación y progreso. Y de que siempre hay que seguir buscando motivaciones y desafíos. Aunque él lo explica de la mejor manera posible: “Gracias al arbitraje soy lo que soy, el arbitraje me dio todo. Por el arbitraje he logrado todo. Lo único que realmente me cambió la vida fue el hecho de empezar a correr, el running, motivarme para otra actividad que no fuese sólo el arbitraje. La motivación es muy grande, porque realmente es lo que me hace mejorar y progresar día tras día. Cada día que salgo es una motivación. El arbitraje me dio todo y el running me motiva a seguir buscando logros”.

Informe: Sebastián Fischman - Prensa AdC.

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